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Cuentos: La enfermedad de papá.

24 de agosto de 2013

La casa estaba hecha un desastre. Las cartas y facturas de pago estaban esparcidas por el suelo. La ropa estaba colgada en cualquier parte; arriba de la estufa, arriba del refrigerador, colgado en el ventilador. Me acerqué a la jaula del hámster y estaba muerto. Duro como una roca. La comida quemada estaba tirada en trocitos por el suelo, y la heladera estaba semi-abierta. Me senté en las escaleras, ignorando el frío en mis brazos, porque estaba en tan solo una camisa y ropa interior. Observé la puerta de la salida y escuché que alguien se acercaba. Continué fumando el cigarro y el humo inundó la sala. Mi hermano dormía en el cementerio. Mamá dormía también, solo que aquí.




La puerta se abrió completamente. La luz de afuera, tan celestial y malditamente brillante, me jodían los ojos. Pero no me moví, ni me tapé. Sonreí irónicamente cuando él entró por la puerta. Llevaba un traje gris con una corbata bordó; no había ninguna arruga ni imperfección allí. Sus zapatos negros estaban tan lustrados que brillaban. Ni siquiera temía que ensuciara más el desastre que había en la casa. Él me miro con arrugas en sus ojos. Estaba más gordo y viejo ahora. Pero parecía más renovado y menos jodido que todos nosotros en la casa. Me miró con preocupación y después de eso, observó la casa y casi laza un grito de espanto.

—Hola papi—sonreí falsamente, y unas carcajadas brotaron de mi garganta—Qué lindo verte.

—¿Reny tú..?

—Hace mucho tiempo que no pisas esta casa. ¿No te parece?—continué observando sus ojos confusos—Seis años y nueve meses—arrastré las palabras lentamente, como un sufrimiento que jamás se iba. Como su rostro.

—Tú…

—Mucho tiempo—le interrumpí—¿No te parece?

—¿Qué es lo que ha ocurrido?

—Todo se jodió—sonreí y acerqué el cigarrillo cerca de mi boca—Todo se fue a la mierda.

—¿Pero qué…?

—Como tú—volví a encender el cigarrillo con mi encendedor de corazones—Te jodiste, te fuiste, nos dejaste la mierda y míranos. Tú feliz, nosotros jodidos.

—¿Dónde está tu madre?—preguntó.



Tenía muchas expresiones. Seguro estaba pasando por mucho. Muchos pensamientos, sentimientos. Me encanta que esté pasando por toda nuestra mierda en tan solo estos minutos desde que llegó.

—Arriba, bastante jodida.



Él me miró eufórico y subió los escalones junto a mí, y yo sólo le sonreí irónicamente. Me quedé sentada. Esperé la reacción de papá, y así fue. Bajó corriendo, a gritos. Me miró con los ojos llorosos.

­—¿Qué es lo que le pasó a tu madre? ¿Por qué…?

—Hubieras pensado mucho antes de salir por esa puerta y no volver más… papi—articulé cada palabra mirando a sus profundos ojos.



Él había hecho otra familia. En otro lugar. Lejos, muy lejos de aquí.

John, mi hermano, murió atropellado. Se suicidó debajo de un auto. Quedé sola con mamá. Ella se drogaba, se inyectaba heroína y muchas veces tragaba muchas pastillas y tomaba alcohol hasta emborracharse completamente. Yo tenía que cuidarla. Tenía que controlarla. Tenía que cuidar que ella no se matara. Hasta entonces.



Me enteré hace poco que se divorció con su otra esposa de casi de mi edad, y ahora volvió. Volvió a por nosotros. La segunda opción.

—¿Cómo pudiste?—me gritó en la cara. Ahora estaba todo rojo. Enojado. Estaba más eufórico con antes. La bronca, la violencia que iba a tener en unos pocos segundos posiblemente me dejaría echada en el piso, desangrada, como la última vez.

—Todo fue tu culpa, papi—le dije sacando la pistola de mi bolsillo. Lo apunté con el arma. Él se quedó quieto, y sus manos temblaron. Su cara roja se volvió pálida. Mi mano no temblaba. Estaba decidida.


—¿Qué… qué vas a hacer, Reny?—tartamudeó.

—Te voy a matar. Porque tú mataste a John. Mataste a mamá también. Ahora me quieres matar a mí.

—¡No! ¡Eso no es cierto!

—¡Cállate!—le grité y él se quedó mudo, temblando en sus propias piernas. Terminé de bajar las escaleras, tirando el cigarrillo al suelo. No dejé de apuntarlo. Apunté su cabeza. Más cerca ahora.

—Tú no te das cuenta. Estás enfermo. Nos mataste a todos. A todos. Quieres acabar conmigo ahora. Tu subconsciente lo dice.

—¡Eso no es cierto! Reny, por favor, escúchame, es que…

—¡Cállate!



Apreté el gatillo. La bala salió volando, hasta su cabeza. Lo atravesó por completo. La sangre se desparramó por todos lados. Salpicó la pared, el suelo, me salpicó a mí. Soplé el arma. Papá respiró su último aliento. Me volví a sentar en los escalones. Agarré el cigarro otra vez. Continué fumando, pensando en lo mal que todo había terminado.


Mamá se mató. Con la misma pistola. Por culpa de papi. Ahora yo lo maté a él. Porque papi había atropellado a John. Él en realidad no se suicidó, papi lo atropelló porque insultó a su segunda esposa. Ahora venía para matarnos a las dos. Es lo que el tramaba. Porque era un asesino. Y mi papi era un asesino. Ése era mi padre.

Mi papi estaba enfermo. Miré su cuerpo, desangrándose poco a poco en el suelo, a muy pocos metros de mí. Todo en la casa estaba muerta, menos yo. Ahora él descansaba, todos lo hacían. Mi familia de mierda descansaba muerta.


Lo había matado...

Y me di cuenta de que yo también. Yo también estaba enferma como él.

Cuento original.

2 comentarios :

  1. Santa cachucha de los mares :| que cuento más loco, buenísimo. Sacaste tu lado más loco, gótico y asesino JAJAAJA. Una genia agus.

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  2. No se porque tengo la sensación de que el cuento pega con el estilo de tu blog... se entendió lo que quise decir?
    Mis ojos en todo momento estuvieron muy abiertos, Gosh me encanto el cuento/relato,
    La forma en que esta relata fue genial, la ultima frase, ÉPICA!

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